Sabes más música de lo que crees

Conciencia Musical

Tal vez nunca hayas estudiado armonía. Quizá no puedas explicar qué es una dominante, escribir una escala o reconocer un intervalo por su nombre. Aun así, cuando una melodía queda suspendida sabes que algo falta. Cuando finalmente resuelve su tensión, lo sientes. Cuando el ritmo cambia, tu cuerpo lo detecta. Cuando una voz sube, sabes hacia dónde se movió.

Mucho antes de aprender los nombres de las cosas, ya estamos aprendiendo a escuchar.

Respuesta directa

Sí: una persona puede poseer conocimientos musicales complejos sin haber estudiado teoría musical formalmente. La exposición cotidiana a canciones, ritmos, voces y patrones permite desarrollar expectativas sobre tonalidad, métrica, tensión, reposo y estructura. El entrenamiento formal puede después darle mayor precisión, vocabulario y control consciente a ese conocimiento.

Antes del nombre está la experiencia

Imagina que alguien toca una melodía conocida y, justo antes de la última nota, se detiene.

Es probable que algo dentro de ti continúe la frase.

Quizá ni siquiera sepas qué nota esperas. No conoces su nombre, su función armónica ni su frecuencia. Pero puedes sentir que algo debería ocurrir después.

Esa diferencia entre poder sentir una relación musical y poder explicarla conceptualmente es fundamental. Con frecuencia confundimos conocimiento musical con vocabulario musical.

La investigación en cognición musical lleva décadas estudiando precisamente este fenómeno. En una importante revisión publicada en Cognition, Emmanuel Bigand y Bénédicte Poulin-Charronnat analizaron capacidades musicales de personas sin formación especializada. Los resultados reunidos incluyen percepción de tensión y relajación, expectativas musicales, relaciones armónicas y respuestas emocionales.

Su provocadora descripción para estas personas es “experienced listeners” — oyentes experimentados .

Alguien puede no haber pasado diez años en un conservatorio y haber pasado, al mismo tiempo, diez, veinte o cuarenta años escuchando música.

Esa exposición deja huellas.

Escuchar música durante años también es una forma de aprendizaje, aunque casi nunca la llamemos así.
Niña escuchando música con audífonos, ejemplo de aprendizaje musical cotidiano
Gran parte de nuestra educación auditiva ocurre mucho antes de una clase formal: escuchando, cantando, moviéndonos y repitiendo música. Foto: Ladislav Stercell / Unsplash.

Entonces Jacob Collier levanta una mano…

Hay una escena que convierte esta idea en algo casi imposible de ignorar.

En una conversación con Simon Sinek para A Bit of Optimism , Jacob Collier recuerda cómo comenzó a transformar a sus públicos en enormes coros improvisados.

La historia, curiosamente, empieza mucho antes.

Una de sus primeras memorias es observar a su madre, la violinista, directora y educadora Susan Collier, frente a grupos de músicos. El pequeño Jacob veía sus brazos moverse y escuchaba cómo, inmediatamente, el sonido de toda una habitación respondía.

Para un niño aquello parecía magia: una persona movía el cuerpo y muchas otras convertían el gesto en música.

Años más tarde esa imagen reaparecería de una manera inesperada.

San Francisco, febrero de 2019

Collier sitúa un momento decisivo a finales de febrero de 2019, durante un concierto en San Francisco.

Estaba interpretando Blackbird, de The Beatles, una canción que utilizaba con frecuencia porque gran parte del público ya la conocía. Al llegar al final comenzó a construir patrones repetitivos con las voces de la audiencia.

Dividió la sala en tres secciones.

Cada grupo recibió una parte distinta de la frase. Las voces comenzaron a circular como loops humanos hasta formar juntas un acorde de Fa mayor.

Jacob fue ralentizando el patrón.

Finalmente el público quedó sosteniendo el acorde.

Y entonces ocurrió algo nuevo.

Collier miró a una de las secciones y señaló hacia arriba. El grupo respondió elevando su nota.

Señaló otra dirección. Las voces volvieron a moverse.

Ya no estaba enseñando melodías nota por nota. Tampoco había partituras, ensayo previo ni explicaciones de armonía. Tenía frente a él un enorme instrumento humano capaz de desplazarse dentro de un espacio tonal mediante gestos.

La historia del Audience Choir comienza aproximadamente en 15:31. Más adelante, alrededor de 20:39, Collier desarrolla la idea de que las personas comprenden musicalmente mucho más de lo que creen.

¿Cómo puede una multitud entender esas instrucciones?

Esa es la pregunta verdaderamente interesante.

Jacob podía haber dicho: “suban una segunda mayor”, “desciendan cromáticamente”, “formen ahora esta inversión” o cualquier otra instrucción propia del lenguaje técnico.

En lugar de eso, mueve las manos.

Arriba.

Abajo.

Un poco.

Mucho.

Más suave.

Más intenso.

Y miles de personas responden.

En otra conversación, esta vez con PBS / Amanpour & Company , Collier explica un principio sencillo detrás del Audience Choir: divide al público en grupos, establece notas iniciales y posteriormente deja que el movimiento de sus manos comunique hacia dónde debe desplazarse cada sección.

Allí resume parte de su filosofía con una idea extraordinariamente sencilla: “permission is more important than skill”.

Permiso antes que habilidad.

Jacob Collier frente a una gran audiencia durante un concierto
En los conciertos de Jacob Collier, el público puede pasar de espectador a participante y convertirse en parte del instrumento musical. Imagen: sitio oficial de Jacob Collier.

La música puede reducirse a relaciones muy sencillas

En la entrevista con Sinek, Jacob propone algo especialmente útil para pensar la educación musical.

Antes de llegar a escalas, cifrados o nomenclaturas, existen algunos ejes perceptivos extremadamente sencillos.

Altura Alto ↕ Bajo
Dinámica Fuerte ↕ Suave
Densidad Mucho ↕ Poco
Espacio Ancho ↕ Estrecho

Un niño puede distinguir una voz aguda de una grave sin conocer las palabras agudo y grave.

Podemos reconocer que un sonido se hizo más fuerte sin calcular sus decibeles.

Podemos percibir que una textura se llenó cuando entraron veinte voces y que quedó vacía cuando permaneció una sola.

El conocimiento conceptual puede llegar después.

Primero hubo una experiencia.

También sabemos cuándo llegamos a casa

Después Jacob se sienta al piano y agrega otro eje, mucho más abstracto y quizá todavía más interesante:

partida y llegada.

Utiliza la tonalidad de Fa como ejemplo.

Fa como “casa”

Una tonalidad puede establecer una especie de centro perceptivo. Permanecemos ahí durante cierto tiempo y el oído comienza a construir expectativas.

Podemos alejarnos de ese centro, visitar otros acordes, incrementar la tensión y finalmente regresar.

Cuando el regreso ocurre, aparece esa peculiar sensación: “ah, llegamos”.

La teoría musical puede llamar a esas relaciones tónica, dominante, función armónica, conducción de voces o cadencia.

Sin embargo, la experiencia perceptiva puede aparecer mucho antes que esos nombres.

Ya en 1979, Carol Krumhansl y Roger Shepard investigaban cómo los oyentes juzgaban qué notas parecían completar adecuadamente un contexto tonal. Sus resultados mostraron una jerarquía perceptiva: algunas notas se sienten más estables y más relacionadas con el centro tonal que otras. Puedes consultar el estudio original sobre jerarquía tonal .

01 Centro
02 Movimiento
03 Tensión
04 Regreso

Y esto ocurre constantemente mientras escuchamos música.

Nuestro cerebro formula pequeñas predicciones: algo continuará, algo cambiará, algo está a punto de llegar, algo todavía necesita resolverse.

Pero cuidado: “intuitivo” no significa completamente universal

Aquí aparece un matiz esencial.

Cuando sentimos una resolución tonal como evidente podemos llegar fácilmente a pensar que esa relación estaba grabada de nacimiento en nuestra mente.

La evidencia científica sugiere una historia mucho más interesante.

Los seres humanos parecen llegar al mundo con extraordinarias capacidades para detectar relaciones sonoras y temporales. Un estudio de Erin Hannon y Scott Johnson mostró que bebés de siete meses podían utilizar estructura métrica para categorizar ritmos y melodías. Puedes consultar la investigación publicada en Cognitive Psychology .

Sin embargo, conforme crecemos nuestra percepción también se especializa en las músicas que nos rodean.

Hannon y Sandra Trehub encontraron algo revelador al comparar la percepción de métricas simples y complejas. Bebés pequeños mostraban sensibilidad hacia ambos tipos de organización, mientras que adultos respondían de acuerdo con patrones propios de su experiencia cultural. El estudio sobre categorías métricas ofrece una ventana fascinante hacia este proceso.

La literatura utiliza una palabra particularmente útil: enculturación musical.

Escuchamos cientos y después miles de horas de música. Nuestro sistema perceptivo va encontrando regularidades: qué ritmos aparecen juntos, dónde suelen caer los acentos, qué notas tienden a seguir a otras, qué combinaciones anuncian reposo, cuáles generan expectativa.

Una revisión sobre adquisición musical describe precisamente esa transición entre capacidades auditivas tempranas, exposición cultural y entrenamiento formal: Music acquisition: effects of enculturation and formal training .

Una distinción importante Tener intuición musical no significa que todas las personas del mundo anticipen exactamente los mismos acordes, escalas o métricas. Aprendemos también las gramáticas de las músicas que nos rodean. La musicalidad humana combina percepción, cuerpo, memoria, exposición y cultura.

Tu oído lleva años haciendo estadística sin avisarte

Hay otra manera de entenderlo.

Cada vez que escuchas música, tu cerebro recibe información acerca de qué eventos suelen aparecer juntos.

Después de innumerables canciones comienza a emerger una especie de mapa probabilístico.

Algunas continuaciones son frecuentes. Otras resultan sorprendentes. Algunas producen una fuerte sensación de estabilidad. Otras parecen abrir una pregunta.

No necesitas calcular esas probabilidades conscientemente.

Estudios sobre aprendizaje estadístico auditivo han mostrado que incluso participantes sin entrenamiento musical pueden adquirir regularidades dentro de secuencias de tonos. Investigaciones posteriores muestran además que el entrenamiento especializado puede refinar algunas de esas capacidades.

Esta es una buena razón para abandonar una idea muy común: que antes de estudiar teoría musical el estudiante llega “vacío”.

El estudiante llega con años de música adentro: recuerdos, expectativas, movimientos, canciones, acentos, tensiones y resoluciones.

Entonces, ¿para qué estudiar teoría?

Para aumentar la resolución.

Esta expresión aparece de manera muy natural en la conversación de Jacob Collier.

Podemos comenzar entendiendo alto y bajo. Después distinguimos distancias. Más tarde aparecen tonos, semitonos e intervalos. Eventualmente podemos reconocer una tercera mayor, una quinta perfecta o una novena menor.

La percepción inicial sigue ahí.

Lo que aumenta es nuestra capacidad para observarla, nombrarla, reproducirla, transformarla y utilizarla deliberadamente.

Lo mismo ocurre con la armonía.

Primero sentimos que algo se aleja. Después podemos comprender por qué.

Primero escuchamos reposo. Después aprendemos a construirlo.

Primero reconocemos un color. Después descubrimos qué notas lo producen.

En ese sentido, la teoría musical puede funcionar como un microscopio para la escucha.

Público participando durante un concierto
Una multitud puede coordinar ritmo, intensidad, entradas, repeticiones y canto colectivo sin compartir vocabulario técnico. Foto: Paul / Unsplash.

Una educación musical podría comenzar aquí

Pensemos ahora en una primera clase de música.

Podemos comenzar presentando una página llena de símbolos.

También podemos comenzar preguntando:

¿Cuál de estos sonidos se siente más alto?

Luego: ¿hacia dónde crees que quiere ir esta melodía?

Después: ¿cuál de estos dos acordes se siente más estable?

Luego podemos cantar, movernos, imitar, cambiar una nota, sostener otra y escuchar qué ocurre.

Finalmente aparecen los nombres.

El concepto encuentra entonces una experiencia a la cual aferrarse.

Un pequeño laboratorio

01

Escucha dirección

Toca dos notas y pregúntate solamente si el sonido subió o bajó. Ningún nombre es necesario todavía.

02

Escucha distancia

Compara movimientos pequeños y grandes. Observa cómo cambia la sensación aunque todavía desconozcas el nombre del intervalo.

03

Escucha tensión

Detén una progresión antes de su resolución. Nota qué aparece corporalmente: espera, suspensión, impulso, incomodidad.

04

Encuentra casa

Regresa al centro tonal. Antes de analizar el acorde, observa simplemente la sensación de llegada.

Lo que el Audience Choir realmente demuestra

Sería fácil mirar los videos de Jacob Collier y concluir simplemente que posee una capacidad excepcional para dirigir multitudes.

La parte más interesante ocurre del otro lado de sus manos.

El público responde.

Miles de personas pueden sostener una nota, escuchar a otros grupos, desplazarse hacia arriba o abajo, regular intensidad, reconocer un centro y adaptarse colectivamente.

Algunas personas del público son músicas profesionales. Muchas otras no.

Jacob comenta incluso que cuando más de la mitad comprende claramente la dirección, los demás tienden a integrarse. El grupo comienza a comportarse como un sistema musical.

Hay aquí también una lección pedagógica.

Participar enseña.

Escuchar a quienes tenemos alrededor enseña. Imitar enseña. Corregir intuitivamente enseña. Sentir cómo nuestra nota encaja dentro de una textura enseña.

Una multitud que hace unos minutos era “público” se convierte en coro porque alguien construyó un contexto suficientemente claro para permitirle descubrir capacidades que ya estaban disponibles.

Quizá enseñar música también sea revelar

Una parte importante de la educación consiste en adquirir nuevas habilidades: técnica, coordinación, oído, vocabulario, repertorio y conocimiento.

Otra parte consiste en reconocer habilidades perceptivas que llevaban años funcionando silenciosamente.

La educación musical puede tomar ese conocimiento implícito y darle mayor resolución, conciencia y libertad creativa.

Sabes más música de la que crees

Has escuchado miles de melodías.

Tu cuerpo ha encontrado pulsos.

Has reconocido voces.

Has anticipado estribillos.

Has sentido cuándo una canción todavía no había terminado.

Has percibido cuándo una nota parecía extraña dentro de una frase, cuándo el ritmo perdió estabilidad y cuándo un acorde finalmente permitió respirar.

Quizá nunca hayas llamado a esas experiencias métrica, función tonal, expectativa, intervalo o resolución.

El nombre puede llegar después.

La experiencia ya estaba ocurriendo.

Aprender música también puede ser descubrir conscientemente algo que llevamos toda la vida escuchando.

Preguntas frecuentes

¿Se puede entender música sin saber teoría musical?

Sí. La exposición cotidiana permite desarrollar conocimiento musical implícito: expectativas sobre ritmo, melodía, estabilidad tonal, tensión y resolución. La teoría permite organizar, nombrar y manipular conscientemente muchas de esas relaciones.

¿Nacemos entendiendo la música?

Nacemos con capacidades auditivas y temporales muy poderosas, pero nuestra percepción musical también se transforma mediante exposición y cultura. Las músicas que escuchamos durante nuestra vida influyen en las estructuras que sentimos familiares o esperables.

¿Qué demuestra el Audience Choir de Jacob Collier?

Muestra que grandes grupos pueden responder a altura, dirección, intensidad y contexto tonal mediante instrucciones gestuales muy simples. También ilustra cuánto conocimiento musical puede operar sin vocabulario técnico explícito.

Entonces, ¿la teoría musical sigue siendo importante?

Sí. La teoría aumenta la precisión con la que podemos observar, comunicar, analizar y transformar aquello que escuchamos. Permite convertir intuiciones en recursos conscientes para interpretar, improvisar y crear.

¿Qué es la enculturación musical?

Es el proceso mediante el cual la exposición cotidiana a la música de nuestro entorno va formando expectativas acerca de escalas, ritmos, métricas, estructuras y relaciones musicales propias de esa cultura.

Fuentes y lecturas

Simon Sinek · A Bit of Optimism — Jacob Collier
Conversación sobre aprendizaje, Audience Choir, percepción, creatividad, tensión y resolución.
PBS · Amanpour & Company — Jacob Collier
Collier explica la lógica del Audience Choir y cómo utiliza gestos y contexto para movilizar las voces del público.
Bigand & Poulin-Charronnat — Are we “experienced listeners”?
Cognition, 2006. Revisión sobre capacidades musicales desarrolladas sin entrenamiento musical formal.
Krumhansl & Shepard — Hierarchy of tonal functions
Investigación clásica sobre percepción de estabilidad y jerarquía dentro de un contexto tonal.
Hannon & Johnson — Infants use meter to categorize rhythms and melodies
Investigación sobre percepción de estructura métrica durante la infancia.
Hannon & Trehub — Metrical Categories in Infancy and Adulthood
Estudio clave para comprender cómo la experiencia cultural transforma nuestra percepción rítmica.
Hannon & Trainor — Music acquisition: enculturation and formal training
Revisión sobre desarrollo musical, exposición cultural y aprendizaje formal.

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En Legatto exploramos la música desde la experiencia, la escucha, el ritmo, la armonía, la improvisación y la comprensión de las relaciones que hacen posible el sonido musical.

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